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Las mejores batallas de la historia del cine

Sábado, Noviembre 22nd, 2008

Por deformación académica siento debilidad por el cine histórico, o por el que se tira el rollo de serlo aunque no lo sea. A mí me montan un ballet en plan mastodóntico con millares de individuos o avatares digitales de ellos en formación de batalla en un paisaje hermoso y con una música evocadora y ya me tienen ganado. Soy un espectador agradecido en ese sentido, que le vamos a hacer. Hablaba el otro día con un amigo de un asunto de lo más apasionante relativo a este denostado género cinematográfico y casi llegamos a las manos. La discordia era a costa de seleccionar las mejores escenas de batalla de todos los tiempos. Las hay a pares, buenas y malas, y a continuación paso a ofrecer mi subjetiva visión del asunto excluyendo por principio cine fantástico (también me privan los barullos bélicos de “El Señor de los Anillos”, pero esa es otra historia) e híbridos insostenibles entre ciencia-ficción y pseudo historia como “300″ y sucedáneos.

Está claro que la tecnología hace maravillas y que, salvo honrosas excepciones, casi todas las grandes batalla de cine son contemporáneas o casi. Yo tengo en cuenta dos factores: el uno estrictamente cinematográfico, y el otro la documentación o no de la secuencia. Me interesan las películas históricas en las que el director se toma la molestia de leer libros sobre el período que se propone abordar. Por eso me distancio sin quererlo de batallas tan aclamadas como la de Río Silario en “Espartaco” de Kubrick, un alarde de recursos para la época pero con romanos que van disfrazados de otra cosa.

Si me tengo que quedar con una secuencia bélica que condense ejemplarmente ambos factores me quedo con esta:

Tres cuartos del planeta odia a muerte el “Alejandro magno” de Oliver Stone. No es mi caso. Pero más allá de debates concernientes a la calidad de la película la secuencia de la batalla de Gaugamela es probablemente la mejor documentada, realista e “histórica” de la historia del cine si nos ceñimos a películas sobre historia antigua o medieval, que son las más delicadas a la hora de proponer recreaciones creíbles. La secuencia en cuestión es lo más cerca que ha estado el cine jamás de captar la escala épica de una batalla en la antigüedad. Pero es que además de estar filmada con enorme oficio, es un ejemplo de precisión como para sacar pecho. Desde la disposición de la falange macedonia, pasando por las maniobras de la caballería, el armamento, los cascos y corazas. pasando por la propia lógica de mando en un follón tan gigantesco (a vista de águila además) hacen de esa precisa (y más breve de lo que yo quisiera) secuencia, la número uno de mi humilde y subjetiva lista.

En segundo lugar, a muy poca distancia, situaría esta otra:

Aquí me parece que sí que hay unanimidad. La batalla de Omaha Beach en el Desembarco de Normandía de “Salvar al soldado Ryan” provocó malas digestiones en todo bicho viviente. Spielberg huía como la peste de cualquier filtro romántico o equidistante. Ya se le ponían a uno de corbata cuando los soldados empezaban a echar la pota en las barcazas de transporte. Lo demás era un chute de adrenalina en vena de media hora con miembros volando con doquier y una fidelidad histórica más que notable. En fin, que está la segunda porque siempre es más difícil filmar con rigor una batalla de hace 2300 años que una de hace 70.

Otra que, seguro, ofrece pocos o ningún pero es ésta:

Uséase, la batalla de Stirling en “Braveheart”. Una secuencia que vale el montante total de la película porque a mi juicio el resto, postalitas aparte, es más bien del montón (aún estoy a la espera de ver la gran película hollywoodiense contemporánea sobre el mundo medieval, en la línea de novelas mticas llevadas al cine tipo “Ivanhoe” o joyas añejas del calibre de “Los vikingos”). Aquí Mel Gibson demuestra por qué es un excelente director lastrado, eso sí, por el tornillo ése que le cuelga de la cabeza. Lo más forzado es el propio Gibson disfrazado del más improbable de los William Wallace. El resto, aunque con alguna licencia histórica es de nota alta. Ah, y sin cámara con parkinson, que hoy en día tiene doble mérito.

Al mismo nivel que la anterior o quizá incluso un punto por encima la siguiente:

Si no me falla la memoria es una batalla genérica sin nombre ni apellidos en el limes romano del Rhin. No es nada habitual ver películas de romanos en las que los romanos vayan vestidos de tales. Aquí, en “Gladiator” son romanos de verdad (al menos en esta secuencia, en otras es otro cantar), forman como romanos de verdad y están sucios y maltrechos como es de rigor en una contiende en un semejante infierno. La instantánea de las legiones, y las tropas auxiliares, formando para la batalla es prácticamente ejemplar. Lástima que una vez producido el choque de trenes contra los conseguidísimos germanos se vuelva al viejo modelo cinematográfico de la carnicería cuerpo a cuerpo que en nada se ajusta a la crónica que nos legan las fuentes. Aún con ese inconveniente es una secuencia soberbia, cuya ejemplar realización disculpa cualquier patinazo en la recreación. Sin duda la mejor batalla de legiones romanas de la historia del cine hasta la fecha.

Otra que me fascina, si bien en el interior de una película casi horrorosa:

Otra vez Ridley Scott, esta vez en las Cruzadas, y más en concreto en el asedio (uno de los incontables muchos) de Jerusalén. En esta secuencia Ridley tira la casa por la ventana y el dinerito luce a todo trapo. No es muy larga, y el disgusto de que la legendaria batalla de Hattin se resuelva con una elipsis aún dura, pero es un regalo para la vista y un ejemplo apañado y bien ilustrado de lo que era un asedio en la Edad Media. En la misma línea estaría el célebre asedio de Orleans en la tampoco muy lograda “Juana de Arco”, que también tiene secuencias de batalla bastante apañadas y con un volumen de violencia que le sienta muy bien .

Pido disculpas por centrarme en el presente, pero las nuevas tecnologías ponen el listón muy alto. Hablando del cine clásico nota alta para dos hitos de la guerra aeronáutica como son “Tora, tora, Tora” o “La batalla de Inglaterra”, ninguna de las dos merecedora de ser tildada de gran película pero, en cualquier caso, adornadas con batalla aéreas más que resultonas.

Hay mucho más, claro, pero no me propongo escribir un libro, así que punto final, por ahora.

Estrenos: espías en el infierno iraquí y un armario resurrecto

Viernes, Noviembre 7th, 2008

Aparte de ser una notable película de acción y espías “Red de mentiras” bien puede ser la última película de la era Bush. Pocos presidentes de EE.UU. tienen la suerte y la desgracia de que sus contemporáneos tengan que cantarle las cuarenta día sí día también aireando las miserias de sus calamitosas gestiones. A Bush le ha tocado la china y se lo ha ganado a pulso. Es posible que “Red de mentiras” acabe leyéndose como el epílogo de ese cine astifino y puntiagudo que inmortalizó el Medio Oriente de la Libertad duradera, la justicia infinita en la era abominable de Guantánamo y Abu Ghraib. Si habrá o no cine específico sobre la era Obama el tiempo lo dirá aunque por lo general, por afinidad ideológica, los demócratas tienen la bula que no tienen los republicanos. En cualquier caso, al grano, la película de Ridley Scott ha quedado muy apañada porque, entre otras cosas, da la sensación de que el director de “Blade Rubnner” enfila otra vez el buen camino después de un lustro de batacazos en cadena. Es cine cuyo recuerdo se autodestruye al encender las luces de la sala, pero no pretende mucho más, aparte de dar cuenta de la calamitosa gestión estadounidense de la guerra contra el eter terrorista. Cine muy bien facturado, con un DiCaprio tan potente como de costumbre, que entronca con la tradición de las buenas películas de espías de toda la vida, sólo que en comunión con el modelo Bourne y aledaños.

El de arriba con pinta de colgado en la fase dura de la resaca es Van Damme. Sí, sí, ese actorcillo de mal agüero objeto de las mofas del más pintado y frecuentemente paragonado a los peores actores de la historia del cine por culpa de la ingente cantidad de bodrios marciales que ha protagonizado. Bueno pues en plena cuesta a abajo el muchacho vuelve al redil con idea de hacernos tragar nuestras descalificaciones con la esperanza de que nos antragantemos y tengamos digestión pesada. Resulta, lo juro, que Jean Claude es un actor como la copa de un pino. ¿Broma? en absoluto. Compruébenlo ustedes mismos en la asombrosa “JCVD” en la que el astro belga de puños orientales se reinventa riéndose a pierna suelta de su propia sombra y, sobre todo, de la imagen que sus detractores tenemos de él. No es una película de acción, ojo, es una comedia con poso de tragedia en la que el saco de músculos bruselense se recicla por la puerta grande mofándose de su propio ocaso con una ficción autobiográfica insólita e indescriptiblemente divertida. La mala noticia es que, al menos en Madrid, la distribución es nefasta. Apenas tres míseras salas en el quinto pino periférico demuestran la nula confianza que en ella deposita su distribuidora. Para una gran película protagonizada por el armario éste y la tiran al inodoro con tan malos modos. Si alguien, no obstante, está por la labor de irse de excursión al remoto mundo del extrarradio que se haga un favor y le dedique un par de horas al inefable Van Damme que, repito, y no es broma, es un actor tremendo.

La semana es generosa en estrenos, pero aparte de diez mil documentales sobre marrones varios de la vida moderna, hacen cola trastos viejos y bártulos de utilidad dudosa destinados a durar en los cines lo que un bollo a la puerta de un colegio. Quizá la simpática película ecologista de Luc Jacquet, “Una amistrad inolvidable”, merezca la atención de los pequeños y de los padres que los conducen. El atracón de paisajes y de entrañables animalitos fotografiados en su habitat natural, tiene su aquel. No lo tienen, sin embargo el postalismo bucólico y cantábrico de “Cenizas del cielo”, a caballo entre una película y un publireportaje turístico, muy ecológica también pero muy de bote; ni las pelotas de turno (”Rockero de pelotas” o por pelotas, o un título brillante parecido, las del caído en desgracia Peter Cattaneo (el de “Full Monty”). La buena noticia es que la semana que viene el buen cine llueve torrencialmente para variar y acabar con la tediosa sequía otoñal de títulos pesados, pero a”Gomorra”, “The Fall” y compañía daremos cuerda en su debido momento, que no es ahora.