La guerra por el Oscar extranjero
La posibilidad de que este año “Los girasoles ciegos”, nuestra ilustre representante en la carrera por el Oscar a la mejor película extranjera, meta a España en en la gran noche del cine pasa por dos escenarios. En uno el consejo de ancianos que carga con el marrón de hacer la criba en la categoría vota con una venda en los ojos y sitúa a boleo el boli sobre las cinco películas candidatas. En el otro la culpa de tamaño trompazo la tiene el alcohol o algún derivado con efectos alucinógenos. Ojo que no se trata en absoluto de denigrar la película de Cuerda, sino de resaltar las virtudes de la competencia y de tirar de las orejas a nuestra Academia por dejarnos tan malamente parados en el terreno de las odiosas comparaciones.
En un año negro para nuestro cine, conscientes de las posibilidades nulas de nuestro cine de colarse en la lluvia de estatuillas, mejor habría sido apostar por una película de perfil bajo, de algún cineasta joven apelando al efecto sorpresa y tratando, de paso, de recompensar el trabajo bien hecho de alguno de nuestros directores del futuro cercano. Nuestra única baza así las cosas es el tirón que Marible Verdú, que ya es académica y todo, pueda ejercer entre votantes prezosos que se dejan llevar por las apariencias y los créditos.
La guerra está perdida y con estrépito. Este año, como el anterior, la lista de precandidatas encierra una interminable retahíla de grandes títulos que, nuevamente, brinda la oportunidad a la miopía tradicional de la Academia de redimirse con una terna de lujo. Y aunque ya el año pasado se quedaron fuera todas las favoritas y, por culpa de ello, las mejores películas a competición, las quinielas apuntan con el dedo a Italia y Francia como opositoras más serias al codiciado premio. Las dos grandes potencias históricas de la categoría vuelven a asumir protagonismo tras años de oscuridad y segundo plano. Italia, cuya última edad de oro en los Oscar fue la década de los 90 gracias a Tornatore y Benigni, da un paso adelante exigiendo un reconocimiento a un año soberbio de películas en el Bel paese.
“Gomorra” (se estrena este viernes) debería ganar por lo civil o por lo criminal si hubiera justicia en la Tierra. La película de Garrone es de las mejores películas europeas de los últimos años y presume de credenciales a cual más potente. Primero, es un peliculón de muchos quilates; segundo, la dimensión mediática de Roberto Saviano, autor de la novela en que se basa el filme, amenazado de muerte por la Camorra y condenado al exilio entre un muro de escoltas; y tercero, es cine comprometido hasta la cintura y propone una sobrecogedora panorámica de la Italia feudal del crimen organizado (un temazo se mire por donde se mire). La alternativa más consistente es la francesa “La clase” (estreno: 9 de enero) de Laurent Cantet, que ya ganara la Palma de Oro en Cannes, y que enfila igualmente senderos de compromiso social con el retrato de un heroico profesor enfrentado al día a día de un colegio de alumnos difíciles. Hace años que el país vecino no presenta un candidato tan sólido y dada la inclinación de los académicos a aplaudir el cine de allí, la nominación se antoja cantada.
Un escalón por debajo de las opciones italiana y francesa se sitúan la israelí “Waltz With Bashir”, que tiene también opciones en el apartado de mejor película animada (aunque en esa guerra contra “Wall-E” lo tiene muy crudo), “Three Monkeys”, la nueva película del siempre hipnótico director turco Nuri Bilge Ceylan, que también triunfó en Cannes con el premio al mejor director; la soberbia “Leonera” (estreno 21 de noviembre) del argentino Pablo Trapero (el de “Familia rodante”); el thriller austriaco “Revanche” del que todo el mundo habla mucho y bueno o la alemana “Der Baaden Meinhoff Komplex”, que representa a la cinematografía europea de moda en Hollywood, que se apunta al filón del cine político e histórico en la línea de “El hundimiento”, “Sophie Scholl” o “La vida de los otros, retratando las actividades sesenteras del grupo terrorista RAF.
Y luego está Asia, latitud sistemática e incomprensiblemente ignoradapor la Academia, que parece gustarse nadando contra la corriente mientras el resto del mundo corona los logros del cine cool y ultravanguardista de Extremo Oriente. Si de una vez por todos se sacuden prejuicios, hacen cola dos películas extraordinarias, como la japonesa “Departures” de Yojir Takita y, en menor medida, la tailandesa “The Love of Siam”. También puede pasar que ninguna de las citadas esté en la terna final de candidatas y que vuelvan a sacarse de la manga un fallo demencial y rebuscadísimo. Es preciso y urgente que Hollywood introduzca cambios en el ridículo sistema de votaciones concernientes al Oscar que nos ocupa. Tanto o más urgente que finiquitar los viejos límites del cine nacional que dejan fuera año sí y año también aspirantes de lujo por no ajustarse a las normas rígidas y ridículas del cine de la edad de piedra. En un contexto industrial en el que cada vez son más corrientes los mestizajes, las co-producciones, las colaboraciones intercontinentales e internacionales y la fabricación de películas apátridas y multinacionales, seguir vinculando la categoría al colorido de las banderitas es de traca. Pero con otras reglas y nuevos criterios y votantes las posibilidades de “Los girasoles ciegos” serían cero. Así, en medio del caos y la tontería lo mismo hasta suena la flauta, vaya usted a saber. Sea como fuere un servidor apuesta que Italia, Francia y Alemania tienen candidatura en el bolsillo. Con las otras dos plazas vacantes aún no me atrevo.
Quien quiera consultar la lista completa de preaspirantes al Oscar de la categoría, por aquí anda: http://www.oscars.org/press/pressreleases/2008/08.10.17.html
Escrito por Roberto Piorno
















Diciembre 19th, 2008 a las 3:22
La turca y las asiáticas parecen ciertamente interesantes… Habrá que esperar.