Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Nominaciones PGA: El cerco de los Oscar se estrecha

Martes, Enero 6th, 2009

Después del Sindicato de Actores ayer le tocó el turno al de productores, que dio a conocer las cinco películas que optan al premio que anualmente conceden distinguiendo a la mejor del año. Decimos que el cerco se estrecha porque el veredicto de estos buenos señores es trascendental para la suerte de las nominaciones que se harán públicas en dos semanas. De entre todas las instituciones que conceden galardones de cine, ésta es probablemente el mejor indicio del estado de las cosas. El gremio mayoritario en la Academia es el de los actores. Su veredicto es trascendental, pero como en sus premios sindicales no hay categoría de mejor película, las lecturas son más complejas. El segundo gremio mejor representado entre los votantes es el de productores, así que es fácil hacerse una idea de porqué esta terna de candidatas es trascendental en la suerte de los Oscar.

De los últimos cinco años cuatro de las candidatas al premio del PGA fueron después candidatas al Oscar gordo. Este año se repetirá la jugada seguro. De hecho no es prudente descartar el pleno. Y es que las favoritas empiezan a ser muy favoritas. Las cinco nominadas son: “El curioso caso de Benjamin Button”, “El caballero oscuro”, “Mi nombre es Harvey Milk”, “Slumdog Millionaire” y “El desafío: Frost contra Nixon”. Si tuviera que jugarme los cuartos con un quinteto ganador de cara al anuncio de las nominaciones el próximo 22 de enero, sería éste. La lucha, a estas alturas, está probablemente más cerrada que otros años. De los cinco títulos citados cuatro son seguros. La única duda a estas alturas es saber si “El caballero oscuro” finalmente pasará el corte. Está en zona de peligro, pero los rivales al acecho no son especialmente fuertes.

Así las cosas sólo dos títulos parecen aspirar con argumentos a ese quinto lugar que ocupa aquí la película de Christopher Nolan. Una es “Doubt”, que tiene una ventaja y es el favor del gremio actoral como prueba el hecho de que sea la cinta más nominada en los galardones del sindicato de actores. A eso se suma el nulo predicamento de “El caballero oscuro” (nuevamente a las nominaciones del gremio nos remitimos) entre los académicos actores, que con toda probabilidad darán incontables votos a la multiestelar película de John Patrick Shanley. La otra aspirante es “Wall-E”, cuyas acciones han disparado las asociaciones de críticos pero que empieza a tenerlo crudo. Como comentábamos en fechas precedentes los actores no van a dar sus votos a una película que recrea emociones digitalmente y que demuestra, por tanto, que son prescindibles. Muchos contaban con que “Wall-E” iba a contar con el favor de los productores, pero las candidaturas de las que aquí nos hacemos eco la han ignorado. Sin el apoyo de actores y productores sus opciones de colarse en la terna final de los Oscar son muy escasas, pero no nulas.

Las demás ya no cuentan. “Revolutionary Road” y “The Reader” ya no pintan nada salvo milagro en esta guerra, y “The Wrestler”, que sigue en lista de espera, es demasiado indie y contracorriente para estas lides. Su sitio potencial en el reparto de la tarta lo ocupa ya “Slumdog Millionaire” de Danny Boyle. Pues eso. Que la cosa empieza a estar nítidamente clara. Yo apuesto por el pleno. Las cinco candidatas al PGA de marras serán las cinco nominadas si “Doubt” no se carga a “El caballero oscuro”, que bien podría ocurrir. El próximo definitivo termómetro lo darán las nominaciones del DGA, es decir, el sindicato de directores. Lo siguiente ya son los Oscar, porque los Globos de Oro ya no pintan un carajo en esta guerra.

El mundo no se acaba: la industria del cine suma y sigue

Lunes, Enero 5th, 2009

Hollywood bate palmas con las orejas. La recesión, desaceleración, crisis, colapso o, directamente, apocalipsis, no le atañe…. demasiado. El cine sigue siendo un negocio del demonio a pesar de que el personal ya no derrocha euros y dólares a tontas y a locas. Yo soy un augur lamentable, un adivino de saldo, y por eso hace doce meses predije que 2008 sería un año de vacas flacas en la taquilla universal por culpa de una nómina de estrenos no demasiado prolífica en secuelas supermediáticas. Francamente los números parecen indicar una cosa: la crisis económica no ha afectado demasiado fuerte en el negocio de las películas. 2008 ha cerrado el curso con un insignificante 0,4% de retroceso en ganancias respecto al año anterior (la cifra es algo mayor en términos de número de espectadores). Un dato muy positivo en el que yo deduzco una mínima incidencia de la megacrisis en el negocio.

El pequeño descenso se explica probablemente por factores externos a la crisis, y siempre en el contexto del imparable cambio en los modelos de ocio, en la manera que el público tiene, legal o liegalmente de consumir cine, y basta. No olvidemos que la recesión/crisis azota desde septiembre. Luego de notarse drásticamente el dato que debería preocupar es el de 2009. Aún con todo los números son aceptables, que no es poco en tiempos en los que todos nos hartamos a decir que el cine anda en crisis irreversible. La taquilla mundial carbura gracias al cine fantástico, que cuela 11 títulos entre los 20 primeros, al de animación, con 4 en la misma proporción y a la eclosión de un cine femenino que ha puesto de acuerdo a las ellas del mundo para que las grandes potencias de la industria vayan a cuidar muy mucho en los próximos meses a ese sector del público de entre 25 y 50 años que responde a un nombre de mujer. “Sexo en Nueva York” y “Mamma Mia” son las puntas del iceberg de ese fenómeno que sin duda es el gran titular en la hoja de resultados de 2008.

Seguimos en un mapa de dirección única: en el reino de las franquicias, las unas con un 2 o un 3 como apellido, las otras novatas, desembarcan en forma de primera entrega (caso de “Iron Man”). En esta relación de títulos taquilleros el primer filme “adulto” sin efectos o defectos especiales o canciones pegadizas en plan karaoke ocupa el puesto 32 y es la muy olvidable “21″. Conclusión: el cine no pirotécnico, adulto y convencional sigue acusando una crisis de la que no parece haber salida dentro del negro túnel. En ese sentido el dato es tan preocupante como en años anteriores. El negocio funciona pero sólo a costa de las películas-feria. Las otras representan una porción irrelevante de la tarta. Incluso dentro de la protección y promoción de los grandes estudios. Pero esa ya es una batalla perdida que cada año se decanta más y más del lado del pim, pam, pum. Qué le vamos a hacer.

Por lo menos para variar coincide que la película más taquillera es también una de las mejores del año. Y es precisamente en “El caballero oscuro” donde reside la clave maestra para entender esta inesperada estabilidad en un año en el que se preveían pasos hacia atrás. Lo mismo nos pasamos de macabros si sentenciamos que la muerte de Heath Ledger ha maquillado las cifras. La película de Nolan acabó amasando mundialmente, como poco, unos 300 millones de dólares largos que probablemente son fruto de la expectación crada por ver al malogrado actor en la piel de un personaje icónico de los que dejan huella en la historia del cine. El binomio Joker mas crónica de sucesos en torno a Ledger ha resultado más mediático de lo previsto. En esos 300 millones de dólares está la clave de esaas respetables cifras universales. Sin ellos, estaríamos en los límites, euro arriba o abajo, de la declinante normalidad.

En fin, que no se acaba el mundo, que sigue habiendo seis o siete estudios que siguen forrándose a costa de esto del cine y que los demás siguen como siempre tratando de sobrevivir a duras penas aplastados por la todopoderosa maquinaria productiva y promocional de los mismos. Vamos, que casi nada ha cambiado en 2008. Pero con la que está cayendo, qué diantres, eso es una excelente noticia.

La lista de las películas más taquilleras de 2008 en el mundo aquí:

http://www.boxofficemojo.com/yearly/chart/?view2=worldwide&yr=2008&p=.htm

Estrenos: polis taciturnos y té a las cinco

Viernes, Enero 2nd, 2009

De primeras feliz año a unos y a otros. Y de segundas demos cuenta a vuelapluma de la primera semana cinematográfica del año, que es una de calma chicha antes de la tormenta. Llega a partir del viernes próximo con cuentagotas toda la artillería Oscar empezando con “Milk” o “Mi nombre es Harvey Milk”, como se hace llamar por aquí. En espera de la vorágine que nos viene encima, hacemos puente con un lote de transición, de temperatura media, sin grandes títulos pero con pinceladas de cine útil y no deshechable. El multiestelar reparto de “Cuestión de honor” llama la atención al más pintado. A mí el primero porque el policiaco por lo general me cae simpático.

La película de Gavin O’Connor es un refrito de otros thriller policiales ilustres y menos ilustres, primer hermana de “Copland” y “La noche es nuestra” a costa de la patológica solidaridad corporativa corrupta y criminal del cuerpo, y los conflictos fmiliares mayúsculos con aire de tragedia griega. “Cuestión de honor” desempolva tópicos a mansalva, pero son tópicos bien llevados. Es cine muy bien facturado, mejor interpretado y extraordinariamente ágil. Y eso pese a ese desenlace horroroso y ultramoralista que te predispone en contra del conjunto mientras mascas la decepción. Pensando en frío hay que reconocerle méritos y virtudes. En tres palabras: se deja ver.

No he visto aún “Rocknrolla” pero todo Dios coincide en diagnosticar que Guy Ritchie ha vuelto a ser persona después de cortar con Madonna y vuelve a parecerse al de “Lock and Stock” y “Snatch”. Y como la semana va de parecidos más que azonables seguimos con lo nuevo de Staphan Elliott que tiene una virtud cardinal: las píldoras que se filtran desde el texto objeto de adaptación de Noel Coward, y un puñado de defectos: que mira a Coward de reojo en plan indiscriminadamente superficial e intrascendente. Todo correcto pero es más de lo mismo, más desencuentros cortesanos de alta aristocracia británica alrededor de la mesa del te y bajo paredes de tapices victorianos. Los adictos al humor british de fábrica pasen y vean. En suma, que ni frío ni calor (aunque el palmito de Jessica Biel me lleve la contraria).

Y otro que se parece demasiado a otros es es el Gil Kenan de “City of Ember”, tímido discípulo del retrofuturismo pintoresco de Terry Gilliam o Jean Pierre Jeunet. Corto y pego lo de arriba: se deja mirar pero de la sala te vas como viniste, sin disgustos pero con con la cebeza en otras cosas. Tampoco me esmeraré en recomendar “Repo”, que forma un curioso díptico estrafalario y Gillianesco con la citada “City of Ember”. Visualmente es potente, y te despierta el apetito por su resultón marcianismo en el primer acto. Luego se cae con todo el equipo y empieza a inyectar tedio y pretensiones huecas.

Y hasta aquí hemos llegado, que la cosa da para poco más.

El infierno de William Munny: revisando “Sin perdón”

Miércoles, Diciembre 31st, 2008

El común de los mortales se cita todas las Navidades con “Que bello es vivir” de Frank Capra. Yo, a saber por qué, no rompo mi compromiso con “Sin perdón”, uno de los mejores westerns de la historia y una de las mejores películas, en fin, del cine de siempre. La película en cuestión pertenece además a ese nada nutrido grupo de películas rayadas en mi azotea por exceso de uso. No soy un gran amante del cine doméstico, ni soy de los que ven sus filmes favoritos una y otra vez hasta el hartazgo. Hay películas que considero insuperables, que nutren la lista de mis particulares inmortales, pero que sólo reviso muy de guindas a brevas. Luego está “Sin perdón” (y alguna otra, pero no muchas) que he visto más de una veintena y media de veces y que volvería a ver dos veces por semana sin despeinarme. Anteayer volví a caer rendido a sus pies como siempre, y se me cayeron los lagrimones otra vez degustando uno de los desnlaces más contundentes, feroces y grandiosos de antes de ahora y de siempre.

La instantánea de arriba lo es de una de las mejores secuencias de la historia del western y del cine. En ella Clint Eastwood escupió de una sentada todo un manifiesto ético y estético que condensaba, sin desperdicio, todo aquello que para él significaba el western después de un millar de horas de vuelo a las espaldas en las praderas y pedregales del viejo cine del oeste. Por eso nunca más, hasta hoy, volvió a tocar el género aquel al que, inevitablemente, todo dios asocia su leyenda.

No lo hizo porque le salió la película perfecta, y lo sabía, no lo hizo porque había rozado el cielo, porque había parido la película que todo dios del olimpo del cine sueña con parir sólo una vez en su vida, y no lo hizo porque la mirada extraviada en el horizonte pretormentoso de William Munny en tensa espera de la recompensa por el último (o el penúltimo más bien) de sus atroces crímenes a la vera de Schofield Kid ahogando el shock en whiskey y lágrimas, en esa filigrana de secuencia, valía por cien horas de cine a caballo colt 45 en mano. La escena de marras es la rúbrica 10 a un ejercicio perfecto de reinvención de un género entonces maldito. Eastwood redimió el western en esa secuencia, y en la sombría escabechina nocturna que la sucede, y lo salvó del olvido.

“Matar a un hombre es el demonio, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener”. Así consolaba el hijo de perra con conciencia de William Munny a su fallido discípulo hundido en las tinieblas de sus crímenes bajo la sombra de un árbol. Con esa sentencia moría el romanticismo en el western, el género enfilaba al fin la ruta de la modernidad. Y más aún cuando el infeliz neoasesino veinteañero se sacaba de la manga aquel “Se lo tenía merecido”. Munny no se andaba con tonterías. El último pistolero del western viejo, cargando torturado sobre sus espaldas el peso de toda la violencia mitificada y trivial de sus contemporáneos, los del cine de la edad dorada del western, le bajaba de la nube con cinco contundentes palabras: “Todos nos lo merecemos, Kid”. William Munny, mala bestia sin entrañas, se yergue en esa secuencia como el fósil del cine elegúiaco de vaqueros. Y da así la extrema unción al westwen como género lineal.

A partir de esa secuencia ningún vaquero cinematográfico sobre la faz de la tierra podría permitirse el lujo de matar sin perder la chaveta y pedir hora para el psicoanalista. Schofield Kid (encarnado por un soberbio Jaimz Wollvett), hundido en el remordimiento por la atrocidad de sus crímenes es el así primer pistolero del western poscontemporáneo, evolucionando desde la insolencia fantasmal y chulesca de los dos primeros actos al derrumbe moral y psicológico de un infeliz que desciende del mundo del mito al mundo real para enfrentarse a la durísima digestión de la culpa.

“Sin perdón” marca un antes y un después en la historia del género. No porque nos olvidemos de Peckinpah, ojo, sino porque Easwood se enfrentaba a la redacción del epitafio de un género muerto y por sepelir (y sólo mantenido con vida mediante respiración asistida mediante visitas colaterales y muy sui generis como “Silverado” o “Bailando con lobos”). Después de esta película y de esta secuencia, pero sólo después y gracias a ellas, “Wyatt Earp” y sucedáneos se antojaban westerns anacrónicos, horteras y fuera del tiempo. El western viejo se ahogaba bajo las ramas de ese árbol solitario de la foto. Munny volvía a a beber y a asesinar a destajo antes de alejarse para desaparecer con todos los de su calaña (los vaqueros unidimensionales y sin conciencia del western clásico) bajo un paisaje rebelde de noche y lluvia. El western había adquirido gracias a su portentosa película una cuarta dimensión en la que ya no cabía la beatificación del héroe/antihéroe. Su inmoral oficio de matarife dejaba secuelas psicológicas devastantes.

El cielo era desde entonces para otros. Y así lo certifica Little Bill (grandioso Gene Hackman) moribundo  víctima de la escopeta cobarde del hijo de mala madre de William Munny, agonizando en el suelo y dedicándole un último piropo a su verdugo: “Te veré en el infierno William Munny”. Y adiós al mito, adiós al romanticismo y adiós, de una vez para siempre (pese a Kevin Costner o James Mangold) al oeste paradisíaco.

La caída de Narnia: la lenta agonía de una saga

Sábado, Diciembre 27th, 2008

“Las Crónicas de Narnia” como saga cinematográfica tiene las horas contadas. No es que me preocupe mucho su suerte, francamente. Ni la primera ni la segunda me parecen algo más que un sucedáneo pobre de los anillos, pero comparada con “Eragon” o “La brújula dorada” es fantasía de pata negra. Lo interesante de la noticia que nos ocupa es que certifica el coma irreversible de un género al que ya se le ha pasado el arroz pese a quien pese. Al fantástico épico le está pasando exactamente lo mismo que en su día a la épica histórica multiestelar. Lo que pasa es que en este último caso los estudios se olieron la tostada a tiempo. Bastó el éxito moderado de “Troya” y el fracaso de “Alejandro Magno” y “El reino de los cielos” para enterrar el fenómeno en una fosa. En ella se quedaron, de momento, víctimas como “Puertas de fuego”, el “Aníbal” de Vin Diesel o el proyecto aquel sobre Julio César con Tom Hanks en el ajo.

Con la épica fantástica la agonía se antoja interminable. Hollywood se niega a dar la extrema unción al cansino filón a pesar del destrozo financiero perpetrado por todos y cada uno de los apéndices del mismo en los últimos años. Al grano: Walden Media, propietaria de la franquicia Narnia, acaba de anunciar su ruptura con Disney lo que interrumpe de cuajo la pre producción de la tercera entrega de la serie “The Voyage of the Dawn Treader”. Dicen que andan a la caza y captura de un nuevo socio, quizá Fox, para poder seguir con la música en otra parte. Lo tienen crudo. Disney no está por la labor de tropezar dos veces de la misma piedra, y las discretísimas cifras mundiales de “El príncipe Caspian” han dado la puntilla a la saga. Costó la empresa 200 millones de dólares y a ver quién es el guapo que se remanga para resucitar un producto declinante de tal magnitud.

El pretexto de Disney para salir corriendo ha sido el esfuerzo logístico ingente que exigía la puesta en pie de la tercera parte. Es verdad que se columpiaron estrenándola en primavera, y no en Navidad, siguiendo la exitosa estela de la primera entrega, pero no es menos verdad que el fracaso en línea de “Eragon”, “La brújula dorada” (que se llevó por delante a su productora, New Line) y “El príncipe Caspian” son la prueba del hartazgo general que incitan los elfos, enanos y los dragones en el común de las masas. La tercera parte de Narna tiene grabado a fuego en la frente el destino de un fracaso anunciado. Disney deserta, y yo dudo muy muchgo que nadie se vaya a atrever ahora a jugársela con tan escasas probabilidades de éxito.

Quizá sería prudente aparcar la serie unos añitos, esperar que “El Hobbit” reavive la moda y el mono por esa clase de mundos y después quién sabe. Lo cierto es que a día de hoy, y salvo sorpresa, la saga Narnia está muerta. Falta darle sepultura. Fox debería haber aprendido del batacazo de “Eragon”, pero vaya usted a saber. Lo único seguro es que esta noticia canta la tercera quiebra consecutiva de franquicia fantástica (las otras son las dos citadas más arriba). El público anda ya en otra onda. Y Aslán ya no le importa a nadie un pimiento. Narnia ya es historia, o casi. Desde aquí un pésame nada sentido. Su hueco es irrelevante.